Quince veinticinco, ya son decenas las personas que se dieron cita en el lugar, muchos con una sonrisa, otros preocupados porque saben, que no todo es color rosado, el día transcurre con normalidad para otros, no todos son condescendientes con la causa. La hora pasa como un vuelo rapaz, y se desencadenan una a una las esperanzas. Tanto los familiares como los acompañantes, ven como la chance tan anunciada se esfuma en una mano alzada, en una cabeza cerrada, y sin ton ni son se desandan los vestigios de una sonrisa. Ya empieza a bajar el sol de la tarde, todos se miran cara a cara cautelosos, si se quedan quizás puedan festejar juntos. Un parlante reproduce con desenfado las palabras una a una pronunciadas por noventa y nueve interlocutores, cada una es escuchada, a veces con bronca, a veces con tristeza, a veces con emoción hasta las lágrimas, mas con eso no alcanza, hay una ley que sobra, y todos confían en que es el momento de desecharla.
Llega la noche intermitente, parece que la historia termina mañana en la madrugada, la lista de oradores es larga, y todos quieren decir lo que sienten, lo que piensan, todos quieren excusarse, o no, retractarse o no, boicotearse o no, de un señor depende la balanza, que hasta ahora está perfectamente balanceada al medio, el empate de ideas resuena en las calles de Montevideo como una brisa fría de otoño, somos muchos los expectantes, la noche ya es oscura, y la esperanza se oscurece con ella. Un equipo de futbol gana un partido importante, mucha gente se vuelca a la calle a festejar, parece ser un trozo de alegría entre tanta angustiosa expectativa. Yo no puedo festejar, muchos no pueden festejar.
El momento se acerca, ya son pocos los que restan justificar lo injustificable, las voces de su discurso suenan como puñales en la madrugada de Montevideo, a muchos nos consta la historia de estas calles. Se interrumpe el paso del tiempo, es el tiempo de levantar las manos.
Primera vez, empate. Segunda vez, empate. Tercera vez, otra vez empate. Se siente en el aire nocturno una voz que repite –"El proyecto presentado por la mayoría no es aprobado"-. La noche cae por el abismo de la duda, vuelve a pasar el tiempo, y comienza otra lucha.
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